Hola mis amigos.
Hoy vengo a hablarles de lo linda que está la esposa del vecino, pero antes quisiera hablarles sobre unos cuantos temas que me tienen dando vuelta la cabeza.
Debo comenzar con la advertencia de que el día que repartieron “El Amor a la Patria”, “El Nacionalismo”, “Mi país es el mejor” y demás cartillas sectarias, yo no fui, me quedé quemando hormiguitas con una lupa en mi casa. Así que si eres de esos que defiende al venezolano a capa y espada, simplemente sigue de largo.
Hoy vengo a hablarles de lo linda que está la esposa del vecino, pero antes quisiera hablarles sobre unos cuantos temas que me tienen dando vuelta la cabeza.
Debo comenzar con la advertencia de que el día que repartieron “El Amor a la Patria”, “El Nacionalismo”, “Mi país es el mejor” y demás cartillas sectarias, yo no fui, me quedé quemando hormiguitas con una lupa en mi casa. Así que si eres de esos que defiende al venezolano a capa y espada, simplemente sigue de largo.
Este ha sido un
año donde el simple hecho de despertar en las mañanas y estirar los brazos ya
es ofensivo para alguien, el clima ha estado demasiado tenso, tanto que ya uno
no se puede masturbar tranquilo en el cine.
Ajá era para ver qué
tan atentos están.
Tan atentos como
lo estuvieron a las elecciones de los gringos y últimamente a la fulana marcha “Contra
los Venezolanos” en Panamá, que es el tema del que les quiero hablar mientras
la esposa del vecino riega las matas.
Me he cansado de
leer artículos de prensa, fotos, memes, reflexiones, discursos y otros medios
escritos y gráficos de expresión donde se recuerda fervientemente que Venezuela
le abrió los brazos, las piernas y las nalgas a los panameños cuando Noriega
mandaba en su país, y ahora no expulsan a patadas como basura.
Me parece una extrapolación demasiado errónea comparar aquella migración de panameños con esta migración de venezolanos.
No estoy criticando a todo aquel que se fue, ni estoy diciendo que todos los que se fueron son delincuentes, pero debemos reconocer que la gran mayoría de venezolanos que se fueron al extranjero (sobre todo a Panamá), se fueron a hacer alarde de la “Viveza Criolla” o peor a hacer alarde del “Ego Venezolano”, que desde mi punto de vista es más dañino.
Mis estimados, les pido que me busque las estadísticas, reportajes, notas de prensa, artículos o cualquier otra prueba que me indique el nivel delictivo de los panameños en Venezuela durante la década de los 80’s. Alguien debe tener algún contacto que consiga ese dato, por lo pronto les dejo esto por aquí: 4mil Venezolanos Detenidos
Me parece una extrapolación demasiado errónea comparar aquella migración de panameños con esta migración de venezolanos.
No estoy criticando a todo aquel que se fue, ni estoy diciendo que todos los que se fueron son delincuentes, pero debemos reconocer que la gran mayoría de venezolanos que se fueron al extranjero (sobre todo a Panamá), se fueron a hacer alarde de la “Viveza Criolla” o peor a hacer alarde del “Ego Venezolano”, que desde mi punto de vista es más dañino.
Mis estimados, les pido que me busque las estadísticas, reportajes, notas de prensa, artículos o cualquier otra prueba que me indique el nivel delictivo de los panameños en Venezuela durante la década de los 80’s. Alguien debe tener algún contacto que consiga ese dato, por lo pronto les dejo esto por aquí: 4mil Venezolanos Detenidos
Y este año esa
cifra se duplicó ya que mucho chavista al ver que perdieron a asamblea,
corrieron como ratas del barco hundido.
A mi me criaron
dos mujeres y cuatro hombres y si algo me enseñaron es a quedarme quieto en
casa ajena y a recibir con un “gracias” lo que nos ofrezcan, así no nos guste.
Parafraseando a Vladimir
Putin, uno no puede pretender que el país que nos acoge y nos presta asilo se
amolde a nuestras costumbres y mañas, somos nosotros los que tenemos que
adecuarnos al ritmo local y empezar de cero con honestidad.
Duele saber que
nos odian, pero debemos reconocer que ese odio no es de gratis, debemos
reconocer que muchos venezolanos salieron del país con la idea de hacerse ricos
en un mes a costa de bienestar de otra tierra y ahora, que les hemos vuelto
estierco su forma de vivir, sus costumbres, su economía, sus trabajos, casa y
familias, pretendemos que no sean segregacionistas ni xenófobos.
Esto se afecta gracias al “Síndrome de Memoria Anal” (recordar lo que salga del culo) que sufre el Venezolano.
Criticamos que nos hagan lo que nosotros hacemos.
Esto se afecta gracias al “Síndrome de Memoria Anal” (recordar lo que salga del culo) que sufre el Venezolano.
Criticamos que nos hagan lo que nosotros hacemos.
SI, el venezolano
también es segregacionista y xenófobo y recuerdo muy bien en esa misma época de
los 80’s cuando, no solo al panameño que venia, sino a cualquiera de cualquier
país se le trataba con las patas, sobre todo a los colombianos.
Recuerdo que algunos políticos y pueblo en general hablaban sobre “extranjeros nos están quitando nuestros trabajos”, “todas las cachifas son colombianas”, “todos los bedeles de escuela son portugueses”, “todos los panaderos son italianos”, “el venezolano no consigue trabajo porque un extranjero lo tiene”. Es que solo faltaba que Jaime Lusinchi se parara en campaña y gritara “HAGAMOS A VENEZUELA GRANDE OTRA VEZ”. ¿Les suena?
Si, el mismo sentir que tiene el estadounidense de pura cepa hoy en día es el mismo que tenía el venezolano promedio en los 80’s, y no es que esté a favor de Trump, porque desde donde estoy sentadito buceándome a la esposa de mi vecino, tanto Trump como Clinton me parecen estiércol del mismo perro, con la gran y significativa diferencia, que Trump no esconde su odio, ni habla adornadito, y demuestra su prepotencia y sectarismo sin ningún pudor. Con la otra loca lo único de que estaba seguro es que Alicia Machado iba a conseguir seguro dental.
Lo cierto es que el venezolano de los 80’s dejo que una clase trabajadora extranjera hiciera el trabajo pesado y se desacostumbró a trabajar honesta y honradamente, o sencillamente a trabajar, por lo que ahora, todo venezolano que sale al extranjero va con la misma idea de los 80’s que es que la gente de oros países trabajen para nosotros, y ahí es donde nos caímos del cocotero y empezamos a mear a 4 pueblos del perol.
No me alegra saber que en otros países nos cierran las puertas y hacen marchas mostrando un profundo odio, pero al menos sé y reconozco porqué es ese odio.
Sé que si llego a tener un hijo, una de las cosas más importantes que le debo enseñar es que cuando se está en casa ajena se respeta y se acepta lo que ofrecen para que futuras invitaciones se den, y los más importante que aunque nos guste lo delgada, de caderas anchas, alrededor de los 40, cabello rubio, labios gruesos de la esposa del vecino, uno no puede ir y pisotearle la grama, patearle el perro, mearle las flores y agarrarle una nalga a la señora en cuestión, se debe tener un mínimo de respeto, no porque lo dija un librito con una cruz en la portada, sino porque es lo correcto.
Recuerdo que algunos políticos y pueblo en general hablaban sobre “extranjeros nos están quitando nuestros trabajos”, “todas las cachifas son colombianas”, “todos los bedeles de escuela son portugueses”, “todos los panaderos son italianos”, “el venezolano no consigue trabajo porque un extranjero lo tiene”. Es que solo faltaba que Jaime Lusinchi se parara en campaña y gritara “HAGAMOS A VENEZUELA GRANDE OTRA VEZ”. ¿Les suena?
Si, el mismo sentir que tiene el estadounidense de pura cepa hoy en día es el mismo que tenía el venezolano promedio en los 80’s, y no es que esté a favor de Trump, porque desde donde estoy sentadito buceándome a la esposa de mi vecino, tanto Trump como Clinton me parecen estiércol del mismo perro, con la gran y significativa diferencia, que Trump no esconde su odio, ni habla adornadito, y demuestra su prepotencia y sectarismo sin ningún pudor. Con la otra loca lo único de que estaba seguro es que Alicia Machado iba a conseguir seguro dental.
Lo cierto es que el venezolano de los 80’s dejo que una clase trabajadora extranjera hiciera el trabajo pesado y se desacostumbró a trabajar honesta y honradamente, o sencillamente a trabajar, por lo que ahora, todo venezolano que sale al extranjero va con la misma idea de los 80’s que es que la gente de oros países trabajen para nosotros, y ahí es donde nos caímos del cocotero y empezamos a mear a 4 pueblos del perol.
No me alegra saber que en otros países nos cierran las puertas y hacen marchas mostrando un profundo odio, pero al menos sé y reconozco porqué es ese odio.
Sé que si llego a tener un hijo, una de las cosas más importantes que le debo enseñar es que cuando se está en casa ajena se respeta y se acepta lo que ofrecen para que futuras invitaciones se den, y los más importante que aunque nos guste lo delgada, de caderas anchas, alrededor de los 40, cabello rubio, labios gruesos de la esposa del vecino, uno no puede ir y pisotearle la grama, patearle el perro, mearle las flores y agarrarle una nalga a la señora en cuestión, se debe tener un mínimo de respeto, no porque lo dija un librito con una cruz en la portada, sino porque es lo correcto.